
Segundo día en México: ¡pirámides, cenotes y un helado en Valladolid!
Escrito por José Cotino
Después de nuestra mágica excursión del día anterior a Holbox, nos despertamos temprano en Playa del Carmen, con muchas ganas de descubrir más secretos de este país lleno de colores, sabores y aventuras.
Hoy nos esperaba una jornada completa: íbamos a visitar la misteriosa Chichén Itzá, conocer una aldea maya, bañarnos en cenotes mágicos y terminar el día en un encantador pueblo llamado Valladolid (¡igual que el de España!).

Chichén Itzá: la ciudad donde susurran las piedras
Salimos del hotel cuando el sol apenas asomaba. Los niños, Nina y Leo, todavía tenían algo de sueño, pero sabían que el día sería inolvidable.
Pronto llegamos a Chichén Itzá, un lugar impresionante donde vivieron los antiguos mayas, una civilización muy sabia que observaba las estrellas, inventó calendarios y construyó templos increíbles.
En el centro del lugar se alza la Pirámide de Kukulkán, también llamada El Castillo. Es una pirámide escalonada que parece una gran escalera hacia el cielo. Nos contaron que durante los equinoccios, la sombra crea la figura de una serpiente emplumada que baja por la escalera. ¡Imagínate eso!
Pero Chichén Itzá guarda muchos más secretos…
El Gran Juego de Pelota: donde el silencio grita historias
Después de ver la pirámide, caminamos hasta una enorme cancha de piedra. Era el Gran Juego de Pelota, el más grande de todo Mesoamérica. Allí los mayas jugaban un deporte sagrado, ¡pero no como el fútbol!
Tenían que pasar una pelota pesada por un aro de piedra alto sin usar las manos ni los pies. Solo podían usar la cadera, los hombros y los codos. ¡Qué difícil!
En las paredes, hay paneles tallados que muestran escenas del juego… y también lo que pasaba después. Algunos dicen que los ganadores eran ofrecidos a los dioses como un honor. Otros piensan que eran los perdedores. A Leo se le pusieron los ojos como platos y dijo:
—¡Menos mal que aquí no hay penaltis!


El Templo Superior de los Jaguares: guardianes de piedra
Justo al lado, se encuentra el Templo Superior de los Jaguares, con columnas talladas y figuras de jaguares y guerreros mayas. El jaguar era un animal sagrado para los mayas, símbolo de fuerza y poder.
Subimos con cuidado por las escaleras, y desde arriba se podía ver toda la cancha del juego. Sentíamos como si los ecos del pasado todavía vivieran allí. Nina cerró los ojos y susurró:
—Papá, creo que las piedras nos están contando algo…
Y sí, en Chichén Itzá, cada piedra tiene una historia. Solo hay que saber escuchar.

Un encuentro mágico con un chamán maya
Después de caminar entre ruinas, fuimos a una aldea maya auténtica. Allí, un chamán (una especie de sabio que conoce los secretos de la naturaleza) nos hizo una ceremonia de purificación.
Yo, la verdad, estaba un poquito asustado al principio —había humo, sonidos misteriosos y palabras en lengua maya— pero resultó ser muy bonito y especial. Pepe, Lola, Nina y Leo también lo vivieron con curiosidad y respeto. ¡Fue como estar dentro de un cuento antiguo!
Luego, en esa misma aldea, comimos platos típicos de la región: tortillas recién hechas, pollo con achiote y jugos naturales. ¡Una delicia total!

Los cenotes: piscinas secretas bajo la tierra
Con el calor del día, nada mejor que un buen chapuzón. Así que fuimos a conocer dos cenotes muy especiales: el Cenote Xkekén y el Cenote Saamal.
Un guía local muy simpático nos explicó qué son los cenotes: son pozos naturales de agua dulce que se forman cuando el techo de una cueva se derrumba, dejando al descubierto el agua subterránea.
Cenote Xkekén: un lugar de estalactitas mágicas
Este cenote parece salido de una película de fantasía. Está dentro de una cueva de piedra caliza, y cuando miras hacia arriba ves muchas estalactitas colgando del techo como si fueran colmillos de dragón.
🧠 Dato curioso para niños curiosos:
- Estalactitas: cuelgan del techo. Se forman gota a gota.
- Estalagmitas: crecen desde el suelo. Como si quisieran tocar el techo.
Cuando la luz entra por un agujerito en la parte superior de la cueva, ilumina el agua y las piedras. ¡Es el lugar perfecto para hacer fotos de cuento!


Cenote Saamal: un chapuzón bajo una cascada
El Cenote Saamal es más abierto, rodeado por una pared de piedra altísima. Desde arriba cae una pequeña cascada que hace que bañarse allí sea como ducharse bajo una nube. Leo no quería salir del agua y Nina dijo que era como nadar en un lugar secreto de sirenas.
Valladolid: un pedacito de España en Yucatán
Ya casi al atardecer, hicimos una última parada en el pueblo de Valladolid, que lleva el mismo nombre que una ciudad en España, ¡pero aquí tiene su propio encanto mexicano!
Caminamos por el parque central, donde los niños jugaron un rato, y visitamos la Iglesia de San Servacio, una iglesia muy antigua con dos torres altas que parecían tocar las nubes.
Para terminar, nos tomamos unos helados riquísimos. Yo pedí uno de tamarindo, Pepe uno de mango, y Nina y Leo se mancharon enteros con los de chocolate. Pero claro, ¡no se puede terminar una aventura sin un buen helado!


Un día lleno de historia, agua y sonrisas
Ya de regreso al hotel, todos nos quedamos dormidos en el coche menos Pepe, que conducía. Cerré los ojos pensando en los mayas, en las piedras que cuentan historias, en el agua clara de los cenotes… y en lo bien que sabe un helado al final de un día así.

