Vista panorámica de los acantilados y el faro de Ponta da Piedade, en Lagos, con pasarelas de madera y el océano Atlántico al fondo

Termas, acantilados y castillos tras el MotoGP en Portimão (Día 2)

El domingo amaneció con un cielo despejado y una temperatura perfecta para seguir recorriendo el Algarve. Después de la experiencia del día anterior y de haber probado un poco de la adrenalina del MotoGP en Portimão, nos quedaban muchos rincones por ver. Este segundo día fue más variado todavía: mezcló motor, naturaleza, paisajes costeros de infarto y un paseo final lleno de historia. Un equilibrio perfecto para terminar la escapada con un sabor espectacular.

Mañana de carreras en el Autódromo Internacional del Algarve

Lo primero del día fue volver al Autódromo Internacional del Algarve para ver una parte de las carreras oficiales del Gran Premio de MotoGP. Aunque no íbamos a quedarnos todo el día, queríamos vivir el ambiente de la competición real. Y la verdad es que el circuito en un día de carreras es algo completamente distinto.

Había más afluencia que el sábado, el ruido del paddock era constante, y las gradas vibraban con cada salida a pista. El diseño del circuito, lleno de subidas, bajadas y curvas ciegas, hace que la experiencia visual sea espectacular. Desde muchos puntos puedes ver varias secciones del trazado al mismo tiempo, lo cual te mantiene conectado a la acción incluso cuando los pilotos se alejan.

El sonido de las motos resonando en las colinas es impresionante. Es una mezcla de pasión, velocidad y emoción que se contagia incluso si no eres un fanático de las carreras. Después de un rato viendo adelantamientos, frenadas y cambios de ritmo, decidimos continuar la ruta para aprovechar el día al máximo.

Pilotos de Moto2, entre ellos Dani Holgado (#27) y David Alonso (#80), posicionados en los primeros puestos de la parrilla de salida en el circuito de Portimão
Dani Holgado y David Alonso preparados para la salida en una intensa carrera de Moto2 en el Autódromo Internacional del Algarve.
Podio de la carrera de Moto3 en el Gran Premio de Portugal 2025, con Máximo Quiles en el primer puesto junto a los otros dos finalistas
Máximo Quiles celebra su victoria en el Gran Premio de Portugal 2025, subiendo al primer escalón del podio de Moto3 en Portimão.

Monchique: montaña, aire puro y aguas termales

Dejamos atrás el circuito y tomamos rumbo al interior, hacia la zona de Monchique, una de las áreas más verdes y tranquilas del Algarve. El paisaje cambia completamente respecto a la costa: aparecen colinas cubiertas de bosques, carreteras serpenteantes y pequeños caseríos donde la vida transcurre a otro ritmo.

El objetivo era visitar Caldas de Monchique, un enclave famoso por sus termas naturales. Se trata de un pequeño núcleo rodeado de fuentes, árboles centenarios y un ambiente muy relajante. Las aguas termales de Monchique son conocidas desde la época romana y se dice que tienen propiedades medicinales, especialmente beneficiosas para la piel y problemas respiratorios.

El lugar es perfecto para pasear sin prisa. Hay bancos bajo la sombra, pequeños cafés, edificios de estilo tradicional y senderos cortos para explorar los alrededores. Aunque no fuimos a ningún spa como tal, simplemente estar allí respirando el aire puro y escuchando el sonido del agua correr ya fue revitalizante.

Monchique es uno de esos lugares que sorprenden porque muy poca gente habla de él, pero aporta una calma especial que contrasta con la intensidad del circuito. Es un buen recordatorio de la variedad de paisajes que ofrece el Algarve en muy poca distancia.

Vista panorámica desde el Miradouro da Fóia en Monchique, Algarve, con una pequeña alberca en primer plano y montañas al fondo
Desde el Miradouro da Fóia, en Monchique, se contempla una de las mejores vistas del Algarve, a más de 900 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Ponta da Piedade: acantilados impresionantes junto a Lagos

Después de relajarnos en Monchique, volvimos hacia la costa para visitar uno de los puntos más icónicos del Algarve: Ponta da Piedade, en las afueras de Lagos. Este lugar es famoso por sus acantilados recortados, formaciones rocosas impresionantes y el contraste entre la piedra dorada y el azul profundo del océano.

La zona está muy bien acondicionada, con senderos y miradores que permiten recorrer todo el acantilado. Las vistas son imponentes desde cualquier punto. Hay escaleras que bajan hasta un pequeño embarcadero, donde en temporada alta salen barquitas que recorren las cuevas y túneles, aunque en noviembre la actividad es menor.

La luz de la tarde hizo que las rocas adquirieran tonos naranja y dorado, creando un paisaje que parece sacado de una postal. Estuvimos un buen rato contemplando el horizonte, haciendo fotos y dejándonos absorber por la fuerza del Atlántico golpeando las paredes de piedra. Es un sitio imprescindible, quizá de los más impactantes del viaje.

Formaciones rocosas de los acantilados de Ponta da Piedade en Lagos, Algarve, con aguas turquesas y el Atlántico extendiéndose al fondo
Los acantilados de Ponta da Piedade ofrecen un espectáculo natural de formas caprichosas esculpidas por el mar, uno de los paisajes más icónicos de Portugal.

Visita final a Silves: un castillo cargado de historia

Para terminar el día, condujimos hasta Silves, uno de los pueblos con más historia del Algarve. La localidad fue antigua capital durante la época islámica, y su castillo de arenisca roja es uno de los mejor conservados de Portugal.

Al llegar, la imagen del castillo coronando el pueblo es realmente bonita. Subimos hasta la entrada y recorrimos sus murallas, desde las que se tienen vistas espectaculares del valle del río Arade, las colinas verdes y los naranjales que rodean la zona.

El interior del castillo es amplio, con patios, zonas excavadas y espacios donde se aprecia perfectamente la arquitectura defensiva musulmana. Además, al atardecer, la piedra rojiza se ilumina de forma preciosa, creando un ambiente perfecto para fotografiar y despedir el día.

Silves fue el cierre ideal: un toque histórico después de un día lleno de naturaleza, acantilados y velocidad. Caminamos por las calles del casco antiguo, tranquilas y empedradas, antes de volver a Portimão para cenar y dar por terminado el fin de semana.

Vista de las murallas del Castillo de Silves, fortaleza de origen islámico construida en arenisca roja, en el interior del Algarve, Portugal
Pasear por las murallas del Castillo de Silves permite contemplar siglos de historia y unas vistas magníficas del entorno natural del Algarve.

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