
Fin de semana en el Algarve: MotoGP en Portimão y pueblos con encanto (Día 1)
El primer fin de semana de noviembre de 2025 organizamos una escapada con amigos para disfrutar de un plan perfecto: combinar la emoción del MotoGP en el Autódromo Internacional del Algarve con una pequeña ruta por algunos de los pueblos y paisajes más bonitos del Algarve portugués.
Volamos desde Valencia hasta Sevilla, donde recogimos un coche de alquiler para conducir hasta Portimão, nuestra base durante el fin de semana. En total, son unas 3 horas de viaje por buenas carreteras, lo que permite llegar con tiempo para empezar a disfrutar desde el primer día.
Aunque el objetivo principal era ver las carreras, teníamos claro que no íbamos a quedarnos todo el tiempo en el circuito. El Algarve tiene mucho que ofrecer, y noviembre es una época ideal para explorarlo sin multitudes, con temperaturas suaves y una luz perfecta para fotografiar.
Mañana de motor en el Autódromo Internacional del Algarve
Empezamos el sábado por la mañana visitando el Autódromo Internacional del Algarve, uno de los circuitos más espectaculares del mundial de MotoGP. Rodeado de colinas y con un trazado lleno de desniveles, es un lugar impresionante tanto para los aficionados al motor como para quienes simplemente disfrutan del ambiente.
Aunque no nos quedamos todo el día, vimos parte de los entrenamientos y sentimos de cerca la potencia de las motos en acción. Desde las gradas se puede ver una gran parte del circuito gracias al relieve del terreno, lo que hace que la experiencia sea muy visual y emocionante.
La organización fue ágil, el acceso rápido, y la atmósfera, inmejorable. Una visita corta pero intensa que nos dejó con la adrenalina a tope para empezar nuestra ruta por la costa.


Ferragudo: esencia marinera y vistas de postal
Nuestra primera parada tras salir del circuito fue Ferragudo, un pueblo pesquero con mucho encanto situado justo enfrente de Portimão, al otro lado del río Arade. A pesar de estar tan cerca de una ciudad más grande, Ferragudo mantiene una atmósfera tranquila y auténtica.
Paseamos por sus calles blancas, subimos hasta la Iglesia de Nossa Senhora da Conceição, que corona el pueblo desde una pequeña colina, y disfrutamos de las vistas hacia el puerto y la costa de Portimão. La imagen del Castillo de São João do Arade, justo en la desembocadura del río, es simplemente icónica. Aunque no se puede visitar por dentro, su silueta entre el mar y las rocas ofrece una de las estampas más bonitas del día.
El pueblo es pequeño pero tiene rincones con mucho encanto, terrazas para tomar algo con vistas al mar y una calma que invita a quedarse.

Carvoeiro: acantilados, cuevas y mar infinito
Desde Ferragudo nos dirigimos hacia Carvoeiro, otro de los pueblos costeros más bonitos del Algarve. A pesar de ser más turístico, en noviembre se disfruta con mucha más tranquilidad. Nos encontramos con calles animadas pero sin agobios, y una playa muy fotogénica encajada entre acantilados.
Lo que más nos impresionó fue el paseo por el mirador de Algar Seco, donde el mar ha esculpido auténticas obras de arte en la roca: cuevas, túneles, arcos naturales y ventanas abiertas al océano Atlántico. Hay pasarelas de madera que permiten recorrer toda la zona con seguridad y muchas oportunidades para hacer fotos.
Además de la belleza natural, nos sorprendió la luz de la tarde. En esta época del año, el sol desciende más suavemente y tiñe las rocas de tonos cálidos, casi dorados. Todo se ve más sereno, más pausado, como si el Algarve entrara en modo tranquilo para los que viajan fuera de temporada.
Después del paseo, nos tomamos algo en una terraza con vistas al mar. El ambiente era relajado, con gente local y algunos viajeros disfrutando del final del día.

Vuelta a Portimão y cierre del día
Ya con menos luz, regresamos a Portimão para cenar. La ciudad es bastante grande comparada con los pueblos que habíamos visitado, pero tiene buen ambiente nocturno, muchos restaurantes y opciones para todos los gustos.
Aprovechamos para revisar el itinerario del día siguiente, ya que aún nos esperaban las montañas de Monchique, los paisajes de Ponta da Piedade y un castillo cargado de historia en Silves.

Este primer día fue una mezcla perfecta: la emoción de las motos, la belleza de los pueblos costeros, el mar en calma y la sensación de que aún quedaba mucho por descubrir. El Algarve no decepciona, y en otoño se disfruta de una manera especial, con tiempo para respirar y rincones que parecen esperar solo a que los mires.

